EDM -13 Te acabas de dar muy buenas noticias
8 de junio de 2126, lunes. Martin no escribió nada en su diario ese día. Estuvo muy apurado tratando de evitar que sus notas fueran horribles al final de curso. Al menos aprobar algo y tener alguna esperanza de aprobar los insuficientes alguna vez, aunque no fuera ahora. Pero pasaron un par de cosas tan importantes que debo contarlas yo, el editor de su diario.
Volvamos a ese día. Daniel no se sintió muy contento al encontrar las noticias del incidente del sábado. La mayoría de los chicos hacía tiempo que no se habían dejado influir demasiado por el incidente pero siempre restaban los pertenecientes a dos minorías: a) los que estaban rumiando alguna clase de venganza y b) los que se habían creído los insultos. Daniel decidió ocuparse de ellos.
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Arthur estaba indignado, lo único que había hecho es defenderse, ¡y solo con palabras! ¿Y qué había conseguido? Que le castigaran quitándole puntos. ¿Y si seguía perdiendo puntos y volvía a nivel 0? Casi no podría salir al patio, perdería toda opción a tener permisos durante las vacaciones. ¡Un desastre total! Además él no tenía por qué estar aquí, lo que había pasado había sido un accidente, ¡casi! Solo había querido llevarse una taza, lo demás, no había sido su intención.
La verdad es que, y esto Daniel lo sabía, es que Arthur no se estaba inventando nada; solo lo contaba desde la perspectiva que más le favorecía. El juez, sin embargo, fue bastante más duro. Arthur tiene ese hablar duro que hace desconfiar a mucha gente. Lo peor era...
—Arthur, ¿qué crees que te voy a decir?
—Que tengo que domar mi genio.
—¿Y lo intentas?
—No soy un cobarde. —Arthur se llevó la mano a la boca. Lo que acababa de decir era muy inconveniente.
—Y piensas que si haces lo que te decimos te convertirías en un cobarde.
—Según… un poco, bueno, sí.
La conversación siguió. Daniel le explicaba que el valor no estaba reñido con la inteligencia; más bien al contrario. Tenían que estar unidas para conseguir el mejor resultado. Arthur se defendió de un ataque que no existía, exagerando los insultos de los chicos de fuera, añadiendo amenazas que nadie escuchó.
Al final el chico le prometió al educador que pensaría en lo que le había dicho. Pero cuando volvió a rogar que le devolvieran los puntos que su IA le había «robado», Daniel dijo que no, que se los tenía que ganar, que no era tan difícil, solo tenía que cumplir con las normas un tiempo.
Basado en un dibujo de Martin*
El turno de Martin fue muy distinto.
—Lo hiciste muy bien, Martin.
—Nadie piensa eso.
—¿Y yo?
—Me refiero a los chicos.
—¿Y Liam?
—Liam es especial.
—¿Tonto?
—No, para nada.
—¿Dirías que es sabio?
—Mucho.
—¿El más sabio de los chicos que conoces?
—Supongo, bueno, sí. Ya sé que vas a decir que debería creer a Liam antes que a los demás, pero son muchos más.
—La verdad no se vende al peso.
—¿Eh?
—Que un error popular sigue siendo un error.
—Vale. Pero es que es una verdad demasiado bonita.
—Y prefieres creer que eres un cobarde.
—No lo sé.
—Bueno, ¿y si invito a Liam a venir ahora?
—No lo hagas. No quiero que sepa que dudo de él.
—¿Por qué no?
—Sería como insultarle.
—Vale, imagina que está delante, y te acaba de repetir que no eres un cobarde. Y te ha dado razones. ¿Dónde se equivoca?
—A lo mejor es que yo soy un cobarde y solo aparento inteligencia, pero hubiera huido de cualquier manera.
—¿Estás seguro de eso?
— […]
Daniel esperó en un silencio que solo interrumpió una sonrisa.
—No lo sé, en verdad, no lo sé.
—Imagina que Liam tiene razón. Imagina que no eres un cobarde, que estás aprendiendo a actuar mejor. ¿Cómo hubieras actuado?
—Como lo hice.
—¿Y por qué estás seguro de eso?
—Porque estaba tranquilo, y pensé.
—Eso no lo hace un cobarde, ¿o sí?
—No, tienes razón.
—¿Vas a llorar ahora?
—No quiero.
—Martin, a lo mejor estaría bien, te acabas de dar muy buenas noticias, y sabes qué son verdad.
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¡Adelante!