EDM - 7B En la habitación segura
Martin está sentado en el sofá, con el cuaderno de matemáticas sobre los muslos y el libro al lado. Solo, se enfrenta a un montón de tachones. Le han dicho que, de momento, no tienen importancia, basta con que haga los deberes.
La puerta queda entre-abierta. Martin oye cómo Daniel cruza cinco palabras con otro educador, pero se refugia en los deberes. Por fin, el ruido de la puerta al cerrarse hace que el chico se rinda a la realidad.
El adulto avanza despacio, coronando una tímida sonrisa con dos ojos tristes que mendigan descanso.
—Daniel, lo siento.
—No Martin, siéntate, no hace falta que te levantes. ¿Vale?
—Prefiero estar de pié.
—No te voy a castigar. Y también tengo mis razones.
Martin se sienta, con el cuaderno a su lado.
—Vale Martin. Ya he hablado con Emma y con Arthur, y he leído tu diario. Gracias por confiármelo.
—De nada. También me dan puntos.
—Ya, puntos. —Martin sonríe.— Escucha ahora mis razones. La primera es que no le has hecho daño a nadie. Sí, tu reacción no fue la mejor posible, pero te contuviste.
—Gracias. —Martin baja la cabeza.
—Eso es bueno, Martin.
—No le pegué porque soy un cobarde.
—No Martin, es porque no quisiste hacerle daño. Los cobardes mienten, se esconden, y buscan disculpas. Tú tienes tantas ganas de decir la verdad que te pasas y...
La conversación siguió, pero de lo que hablaron he decidido no acordarme.